DECÁLOGO DEL BUEN PADRE

Compañeros de juegos, cómplices… Los niños toman a su padre como modelo. Construyen la confianza en sí mismos alrededor de la admiración que le profesan. ¡No le puedes fallar!

Pasar (mucho) tiempo con los hijos

A la hora de la comida, cuando preparan la mochila, mientras juegan, cuando escuchan música… Sencillamente, hay que encontrar tiempo para estar con ellos. Aunque tengamos muchas obligaciones y estas sean muy absorbentes, estar presentes en la vida de los niños debe ser una prioridad. No nos engañemos con eso de que no importa la cantidad de tiempo sino la calidad; por muy buenos que seamos, quince minutos no pueden dar mucho de sí. Cuando estamos con los niños, debemos estar entregados en cuerpo y alma, con ganas, no leyendo el periódico, hablando por teléfono o pensando en nuestras cosas.

Querer y respetar a mamá

Si no hay una relación amorosa con la mamá de sus hijos, al menos debe haber una amistad. El buen trato entre los padres es indispensable porque muestra los sentimientos que existen entre ellos. Aunque las cosas no vayan bien en la pareja o ex pareja, la relación entre los padres tiene que reinar el respeto. Hay que hablar del otro y con el otro con aprecio, aún en las discusiones y cuidar todas las facetas de la relación: amistad, compromiso, comunicación, resolución de conflictos, corresponsabilidad o negociación. Si esto no se logra, lo mejor es buscar ayuda.

Ser un buen ejemplo

Los padres son los modelos de sus hijos, ellos copian su forma de ser, de afrontar y resolver, de relacionarse con las cosas, con los demás y consigo mismos. Así, muchas veces nos muestran nuestros propios defectos. Si al verlos, en lugar de enfadarnos, intentamos corregirnos y educar con el ejemplo, les enseñaremos a corregirse y mejoraremos nosotros también.

Estar en las buenas y en las malas

Los niños necesitan a su papá en todo momento y para muchas cosas. Lo necesitan para que los arrope, los ayude a trepar más alto, a dejar los pañales o a hacer los deberes.Un padre ayuda a crecer. Por eso es necesario que papá diga tanto «sí» como «no», él tiene que saber conjugar mimos y límites. Un padre tiene que poder ser amigo, compañero, protector, sabio… ¡y estar en todos lados!

Regalar alegría

Una infancia feliz es casi una garantía de una vida feliz, por lo menos favorece que en el futuro el niño tenga integridad emocional y buena salud mental. Llegar a casa con dulces, planear un paseo, contarles chistes, jugar al escondite, contarles historias… este tipo de alegrías los niños las reciben como algo más que un gesto, para ellos representan «lo bueno de la vida». Y estas cosas buenas son las que los fortalecen, los hacen más valientes y les dan armas para afrontar las dificultades propias del crecimiento o las circunstancias adversas.

Darles prioridad

Cuando el niño es relegado en los intereses del padre, se refugia en la madre y se vuelve demasiado dependiente de ella. La principal función del padre es ayudar al hijo a sentirse seguro en el mundo más allá de los brazos de la madre, y para eso el pequeño debe sentir que es importante para papá. El vínculo con los hijos no es genético, es ético. Es el resultado de una decisión amorosa que hay que sostener día a día. Además, darles el primer lugar en nuestra vida nos hace a nosotros tan felices como a ellos.

Escuchar

Estar atentos a lo que dicen y no dicen y animarlos a expresar lo que piensan y sienten es la forma de conocerlos. Los niños tienen creencias y fantasías que sorprenden al adulto. Por ejemplo, es común que representen a la Tierra como una casa gigante con los humanos dentro o que crean en monstruos o, los más pequeños, piensen que el peluche es parte de su cuerpo. Para enterarnos de lo que pasa por sus cabecitas hay que escucharles con atención. Escuchar es un acto de amor, cuando les prestamos atención se sienten importantes para nosotros.

Educar con cariño

Disciplinarlos es una forma de amarlos. Si les marcamos límites, si les negamos algo que nos piden pero no les conviene o nos oponemos a sus deseos porque no son razonables, será siempre por su bien, para ayudarlos.No los educamos «para que no molesten a los mayores», sino para que sean felices y cabales.

Contar cuentos

Contarles cuentos a los niños es igual a darles un «máster universitario infantil». Ellos necesitan los relatos para aprender a hilar situaciones, a comprender que primero pasa una cosa y luego otra y para entender el tiempo (qué es «ayer», «mañana» o «después»). No hay nada tan interesante y entretenido como escuchar las cosas que les pasan a los demás y ver cómo resuelven sus problemas desde el lugar más seguro del mundo: al lado de papá. Junto a él pueden identificarse con el protagonista, atravesar penalidades y triunfar sin sufrir un rasguño.

Estar al tanto de “sus cosas”

Los «asuntos de chicos» son importantes, sobre todo si se trata de los hijos. Sean serios o banales, como tienen importancia para el niño, también tienen que tenerla para papá. Sin agobiarlos ni atosigarlos, hay que estar cerca de ellos para encauzar conductas, asistir a las reuniones del colegio, acompañarlos al médico, estar al tanto de las notas, de qué hacen en el tiempo libre o cómo les va con los amigos. Aunque no existen recetas, hay una fórmula básica que consiste en acostumbrarlos desde pequeños a que nos cuenten sus cosas, sin presiones y con respeto.

Fuente: “Padre e hijos”

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Acerca de María Esther

Me considero buena persona, sincera y con gran sentido del humor. Suelo leer, ver y escuchar aquello de lo que puedo obtener una buena enseñanza. Me gusta informarme y aprender acerca de temas de salud y calidad de vida emocional, por eso decidí crear este blog y colocar en él ciertos artículos que considero interesantes. Estamos en esta vida para aprender a disfrutar de una experiencia humana, y creo que para aprender a ser felices tenemos que darnos cuenta de que la felicidad no es algo que se consigue desde fuera, es algo que experimentamos desde dentro. No es un destino, es la actitud con la que se viaja por la vida. Una actitud positiva, acompañada de sentido del humor y el amor que pongamos en ello serán nuestro mejor alimento para sentir felicidad.
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3 respuestas a DECÁLOGO DEL BUEN PADRE

  1. Lindo. Un estupendo decálogo.
    Besicos guapa 😉

Hola, soy Mª Esther. Gracias por entrar en mi blog. En cuanto pueda conectarme responderé a tu mensaje. Saludos.

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