¿Dónde se encuentra nuestra verdadera grandeza?.

FAMILIA Y SOCIEDAD ACTUAL

 (Miguel Cuartero, orientador familiar) 

Es importante que se tenga en cuenta que los hijos necesitan de los padres.

Hoy día, los jóvenes se quejan mucho de que los padres están ausentes y pagan la ausencia con regalos, pero ellos, lo que necesitan es vivir la experiencia humana con sus padres.

Un niño, cuando nace ya necesita del contacto de los padres, necesita estar con ellos porque va captando todo aquello que le ofrecen.

La etapa preadolescente y posterior, de los 12 a los 18, para ellos es un “contigo o sin ti”. Es una etapa en la que no dejan de ser importantes las necesidades básicas, pero, al mismo tiempo necesitan cierta independencia o autonomía. La figura de apego sería entonces su círculo de amigos.

En la etapa adulta el ambiente social que se encuentra es muy fuerte.

Los niños necesitan tener un punto de referente, una figura de referencia, pero también necesitan ser autónomos porque ellos nacen con su propio ombligo.

Muchas veces, lo hijos reflejan las carencias que tienen los padres.

Al teléfono de la Esperanza también van jóvenes parejas que quieren casarse o vivir juntos pero llegan con dudas porque tienen miedo y buscan consejos, por lo que creemos que es fundamental que no sólo se conozcan y se formen como personas, sino que también es importante conocer el origen familiar que han tenido, o lo que es lo mismo, la familia de origen de cada uno.

De ese modo es como se pueden prevenir muchos conflictos futuros.

Una pregunta habitual que se les suele hacer es: ¿De qué familia vienes?

Siempre se ha dicho: “Educamos como sabemos y como podemos”, pero eso no es así.

En realidad Educamos como somos, sin darnos cuenta de que podemos transmitir a nuestros hijos nuestras neurosis.

Un ejemplo muy común que se suele poner es el de aquella madre que se quejaba de que su hijita no hacía bien la cama. El orientador familiar le preguntó qué problema había en que su hija no hiciera la cama como ella hubiera aprendido, siendo tan chica. La madre le respondió: “Mire usted, si hasta le dejo la regla y todo para que mida bien los lados de la cama y aprenda a hacerla correctamente pero la cría la hace mal”…

A la hora de educar, ¿qué estamos transmitiendo, valores o déficits?, ¿de dónde nace mi hijo, de una lógica racional o de una debilidad mía?

Después del nacimiento, la preadolescencia se considera también traumática porque resulta ser una etapa muy conflictiva. Por eso es necesario que las personas se formen porque se puede cambiar.

Estamos viviendo una época en la que, realmente, hay ausencia de valores y a los padres les cuesta incluso admitir que les dieron mensajes parentales desagradables a sus hijos, quienes después descubren que tienen, por ello, muchos bloqueos en su crecimiento.

Si en el seno familiar uno de los miembros cambia, los demás pueden cambiar porque un cambio, al menos algo afecta a todos los demás miembros de la familia, por eso sabemos que todos los problemas tienen solución y que se puede cambiar. Merece la pena descubrir que en casa puede haber una familia funcional.

Desafortunadamente la sociedad actual está cada vez más deshumanizada. Estamos dándole más importancia al progreso técnico que al progreso moral. Se le da poca importancia a los valores humanos.

Preguntémonos cual es el sentido de la vida.

La conclusión fundamental que nos da la respuesta a esa pregunta existencial es la siguiente:

Nuestra verdadera grandeza no consiste en lo que tenemos, sino en lo que podemos llegar a dar. Alcanzamos la plenitud en la autotrascendencia. “DAR-SE” es el punto más alto como persona humana.

Por lo tanto, lo importante en esta vida es “dar algo”.

Ortega y Gasset decía:

“Ser persona significa estar siempre a punto de no serlo”.

Estamos en un continuo peligro de deshumanización en esta sociedad que nos ha tocado vivir. Y nos quejamos del comportamiento de nuestros hijos y del futuro que encuentran, pero no nos damos cuenta de que los hijos, lejos de ser un problema, son una fuente de información. Comunican constantemente, pero a veces no saben comunicarse, no saben cómo hacerlo.

Los hijos no son. Los hijos se comportan.

Un orador que dio una gran charla en un estadio deportivo pidió, en un momento determinado, que apagaran todas las luces. La gente comenzó a gritar y silbar, cada vez más fuerte. El orador dijo: “¡gritad más fuerte para que os escuchéis!”. Después les dijo: “¡Vamos a hacer una cosa, sacad vuestros mecheros y encendedlos, tal vez con la aportación de una pequeña luz de cada uno se pueda conseguir iluminar el estadio!”. Así ocurrió.

Cada uno de nosotros tiene la maravillosa oportunidad de aportar “una luz”, y muchas veces estamos gritando cuando, a lo mejor, sólo haría falta encender una pequeña cerilla para “iluminar”.

“Más vale encender una luz que gritar contra las tinieblas”, les decía aquel orador.

Hay que sembrar caminos de vida, de esperanza.

La esperanza es el único camino de las personas.

Cuando atravieses alguna crisis, te darás cuenta de que, a pesar de todo, sigue existiendo el paisaje cuando atravesamos el túnel.

Pasar a la acción y no tumbarse para evitar los problemas, pues sólo nosotros podemos solucionarlos. Somos personas con “alteridad”, en la medida en que hacemos de espejo de cada uno, pero así se les ayuda, aunque cada uno tenga que solucionarse sus problemas.

Se dice que el amor solo es edificar y que la inteligencia sola aplasta, pero si una persona, que se trabaja y se forma, utiliza la inteligencia y el amor, además de corazón, también tendrá una gran capacidad de entendimiento, pues, en la medida en que “se da”, será más persona.

En el fondo, cuando uno da, hay una retroalimentación que no sólo beneficia positivamente a los que reciben, sino al que da, porque uno se siente mejor cuando da, cuando ayuda a los demás.

Hay una parábola muy conocida en La Biblia que describe la función de aquel que colabora ofreciendo su ayuda voluntaria en el Teléfono de la Esperanza. La parábola es la de “El Buen Samaritano”: Mientras que el sacerdote y aquel semita que pasaron y vieron al hombre tendido en el suelo, se preguntaban si sería peligroso atenderlo; el samaritano, en cambio, se arriesgó en atenderle anónimamente porque se preguntó “¿Qué le pasaría a este hombre si no le ayudo?.

Serafín Madrid Soriano, fundador de la ONG de El teléfono de la Esperanza en el año 1971, a quien, a los once meses de fundarlo, perdimos en un desafortunado accidente de tráfico, decía:

Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos”.

Merece la pena, pues, luchar contra los problemas de la sociedad, que es la que nos ha tocado vivir.

Cuando se ayuda a los demás, metiéndose en la piel de ellos, conociéndoles por dentro, se descubre una gran humanidad dentro de cada una de esas personas que comunican y expresan lo que les ocurre en sus vidas. Se aprende mucho de ellos.

Siendo cada vez más persona podemos ayudar a que los que viven a mi lado sean también “más persona”. Para ello es fundamental la PREVENCIÓN, y en el teléfono de la Esperanza lo que se procura es ofrecer herramientas para solucionar cualquier problema que se nos presente en la vida.

En esta vida todo tiene solución menos la muerte, incluso hay creyentes que opinan que hasta la muerte tiene solución si se cree en otra vida después de esta, pero lo importante es que, hoy tenemos herramientas suficientes para ser felices y mejorar nuestra calidad de vida.

Tal vez haya conflictos a los que no podamos hacer frente en el sentido de que no está en nuestras manos remediar esa situación pero, por lo menos, aunque los problemas sigan ahí, nosotros tenemos la capacidad para enfocarlos y vivirlos de forma que no nos impida salir adelante. 

El Teléfono de la Esperanza funciona en Murcia desde 1975. Esta sede es la más grande de Europa y donde se realizan numerosos cursos para la formación de agentes de ayuda con el propósito de lograr un voluntariado bien formado, tanto dentro como fuera de España. Tenemos la gran suerte de poder contar con la brillante personalidad y los conocimientos de Jesús Madrid Soriano: Psicólogo, Filósofo y Terapeuta familiar. Es el Presidente Nacional del Teléfono de la Esperanza, y a quien agradecemos enormemente que haya armonizado la práctica terapéutica con el estudio y la dirección de los cursos que, en esta ONG se realizan.

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Acerca de María Esther

Me considero buena persona, sincera y con gran sentido del humor. Suelo leer, ver y escuchar aquello de lo que puedo obtener una buena enseñanza. Me gusta informarme y aprender acerca de temas de salud y calidad de vida emocional, por eso decidí crear este blog y colocar en él ciertos artículos que considero interesantes. Estamos en esta vida para aprender a disfrutar de una experiencia humana, y creo que para aprender a ser felices tenemos que darnos cuenta de que la felicidad no es algo que se consigue desde fuera, es algo que experimentamos desde dentro. No es un destino, es la actitud con la que se viaja por la vida. Una actitud positiva, acompañada de sentido del humor y el amor que pongamos en ello serán nuestro mejor alimento para sentir felicidad.
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