Las ranitas en la nata.

 

LAS RANITAS EN LA NATA

 Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de nata. Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en esa masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos ranas patalearon en la nata para llegar al borde del recipiente. Pero era inútil; sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sentían que cada vez era más difícil salir a la superficie y respirar.

 

Una de ellas dijo en voz alta: “no puedo más. Es imposible salir de aquí. En esta materia no se puede nadar. Ya que voy a morir, no veo por qué prolongar este sufrimiento. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril”. Dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez, siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.

 

La otra rana, más persistente o quizá más tozuda se dijo: “¡No hay manera! Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo, aunque se acerque la muerte, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quiero morir ni un segundo antes de que llegue mi hora”. Siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar ni un centímetro, durante horas y horas.

 

Y de pronto, de tanto patalear y batir las ancas, agitar y patalear, la nata se convirtió en mantequilla. Sorprendida, la rana dio un salto y, patinando, llegó hasta el borde del recipiente. Desde allí pudo regresar a casa croando alegremente.

 

No te rindas nunca y sigue luchando mientras te quede algo de aliento. Acuérdate de la ranita de la nata cada vez que pienses que todo está perdido, porque no es así, siempre hay una oportunidad:

 ¡BÚSCALA!

 

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Acerca de María Esther

Me considero buena persona, sincera y con gran sentido del humor. Suelo leer, ver y escuchar aquello de lo que puedo obtener una buena enseñanza. Me gusta informarme y aprender acerca de temas de salud y calidad de vida emocional, por eso decidí crear este blog y colocar en él ciertos artículos que considero interesantes. Estamos en esta vida para aprender a disfrutar de una experiencia humana, y creo que para aprender a ser felices tenemos que darnos cuenta de que la felicidad no es algo que se consigue desde fuera, es algo que experimentamos desde dentro. No es un destino, es la actitud con la que se viaja por la vida. Una actitud positiva, acompañada de sentido del humor y el amor que pongamos en ello serán nuestro mejor alimento para sentir felicidad.
Esta entrada fue publicada en "Déjame que te cuente". (Jorge Bucay).. Guarda el enlace permanente.

Hola, soy Mª Esther. Gracias por entrar en mi blog. En cuanto pueda conectarme responderé a tu mensaje. Saludos.

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